Un borracho en un mesón
Manuel Cabral Aguado Bejarano

Un borracho en un mesón

1850
  • Óleo sobre lienzo

    60 x 74,5 cm

    CTB.1998.3

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Adquirido junto a su cuadro compañero, que representa La reyerta (p. *), firmado y fechado por Cabral Bejarano en 1850, el presente lienzo muestra el interior de un mesón, en el que un paisano completamente beodo irrumpe en medio de un sarao, descalzo y con un vaso de vino en la mano, para entonar como puede un cante, ante la risotada general de todos los asistentes a la juerga. Completamente desarrapado por los efectos del alcohol, se ha descalzado de un pie, ha roto una botella y anda descamisado, asomando su faca en la cintura y mostrando el escapulario que lleva al cuello. Algunos contemplan su ridícula facha con benevolente sonrisa, mientras otros ríen a mandíbula batiente, y un mozo ya no puede aguantar y se desternilla casi hasta llorar, apoyado en la pared.

Junto con su pareja, son dos de las escenas de costumbres andaluzas de cierta envergadura compositiva más tempranas conocidas de este prolífico artista, que las pintaría con veintitrés años, y de quien la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza guarda otros interesantes testimonios de su fecunda y longeva carrera.

A pesar de ser obras de juventud, en ellas queda patente la especial habilidad de Cabral Bejarano en el planteamiento escenográfico de las arquitecturas, en esta ocasión de un humilde ventorro, dispuestas con un marcado sentido teatral, con juegos espaciales y de perspectiva de gran efecto, creados por la sucesión de arcos, las empinadas escaleras, las vigas y el pasillo en voladizo por el que asoma el mesonero, que abandona su faena de barrida para contemplar el irrisorio espectáculo.

Asimismo, el cuadro demuestra un particular acierto del artista en la disposición de los personajes en los distintos planos, sin que ninguno se estorbe y dándoles a todos una reacción expresiva acorde con tan cómico argumento, lo que testimonia además un singular instinto narrativo en este pintor, que ha hecho pensar a Luis Quesada que, en realidad, ambos lienzos interpretan sendos pasajes del capítulo «El Roque y el Bronquis» de las Escenas andaluzas publicadas en 1846 por el escritor costumbrista malagueño Serafín Estébanez Calderón «El Solitario» (1799-1867), y que relata una juerga acabada a palos. Sin embargo, aunque el argumento de este sainete pudiera encajar genéricamente con el cuadro La reyerta, no parece que suceda lo mismo con la presente escena, que no se corresponde con ninguno de los pasajes de este cómico relato.

A pesar de los tintes casi caricaturescos de la mayoría de los tipos, acordes por otra parte al tono burlesco del argumento, Cabral Bejarano siempre da muestra de una particular elegancia en el dibujo de las figuras, especialmente apreciable en este caso en las dos mujeres y, sobre todo, en la que está sentada a la derecha y vuelve su cabeza, tanto en su propia pose como en el tratamiento de los pliegues del vestido de volantes y su mantilla de flecos, resueltos además con un colorido limpio y brillante, que fueron en buena medida la clave de su éxito en los años posteriores a su presentación en la corte.

José Luis Díez