La Reyerta
Manuel Cabral Aguado Bejarano

La Reyerta

1850
  • Óleo sobre lienzo

    60 x 74,5 cm

    CTB.1998.4

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

En el interior de una venta andaluza tiene lugar una tumultuosa bronca formada por numerosos y variopintos personajes. Hacia el medio término de una amplia y modesta estancia, un hombre con el brazo izquierdo envuelto en una prenda se protege del embate de su oponente mientras en la derecha blande una faca, con la que se prepara para atacar. A su alrededor suceden muchas otras escenas violentas, como la que protagoniza en primer término a la izquierda el hombre que levanta fogosamente una guitarra para estrellarla en la cabeza de otro que yace en el suelo, o la de la primera víctima de gravedad que, despojado en el suelo, una mujer llora desesperada. Mientras, por una escalera próxima a la trágica pareja, huye un caballero que ha dejado en la algarada al que parece su acompañante. En la parte superior, otro personaje parece dispuesto a poner fin con un arma de fuego a ese tremendo caos.

Se trata seguramente del cuadro compañero del titulado Un borracho en un mesón (p. *), junto al que ingresó en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, y con el que guarda cierta relación de formato y argumento, aunque éste resuelto de forma más discreta, pese a ser, junto con su pareja, uno de los más tempranos ejemplos de composición de cierta envergadura en la producción del pintor hispalense.

Aunque parece evidente que no se trata, como se ha sugerido, de una pareja de pinturas estrictamente inspiradas en uno de los relatos de Estébanez Calderón en sus Escenas andaluzas, ya que no sigue el decurso de la narración, sin embargo el nexo que une a ambas escenas está por un lado en el ambiente de la venta, festivo y violento, que puede leerse en efecto en el relato de «El Roque y el Bronquis»1, ambientado en un lugar semejante –lo que sucede en muchos sainetes cómicos costumbristas, de gran calado en España desde la divulgación de las obras de don Ramón de la Cruz–, y por otro en la continuidad argumental que parece seguirse entre el otro lienzo y éste.

Además del correlato de la situación cómica entre ambos lienzos, establecida por la similitud del escenario y la presencia común del personaje central, que en uno de los lienzos ofrece un brindis mientras en el otro intenta atacar a su oponente con una navaja, puede señalarse, como origen remoto de este tipo de composiciones, la obra de Goya, especialmente en pinturas como La riña en la Venta Nueva (Madrid, Museo del Prado), en la que no sólo puede verse una multitudinaria pelea sino también el detalle del personaje, quizá un ventero, que se dispone a dar término a la algarada abriendo fuego.

En la pintura se sintetizan todos los tópicos que conforman el repertorio de este género de costumbres, convocados en el escenario más arquetípico al uso, la venta, para dar cuenta del violento y vehemente carácter español –que pasa en un instante de una alegre juerga a la más peligrosa pendencia– y que los viajeros por Andalucía querían llevarse consigo en cuadros como éstos.

Carlos G. Navarro