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Recorrido
Fin de siglo
Pertenece a la categoría Descubre -
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Actividad
El Museo al cubo [carmenthyssen]³
- Subtitulo:
- Aniversario Museo Carmen Thyssen
- Fecha:
- Del 11 de abril al 21 de julio de 2012
Pertenece a la categoría Participa -
Actividad educativa
Curso monográfico 'Julio Romero de Torres. La revisión del mito'
- Subtitulo:
- Fecha:
- Del 09 de mayo al 06 de junio de 2013
Pertenece a la categoría Participa
- Autor:
- Julio Romero de Torres
- Título de la obra
- La Buenaventura
- Fecha de la obra
- 1922
- Técnica:
- Óleo sobre lienzo
- Medidas
- 106 x 163 cm
- Inventario
- CTB.1994.25
- Créditos de la obra
- Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga
- Derechos de la imagen
- © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
Tras las significativas composiciones realizadas desde 1908 en los comienzos de su reconocimiento como pintor, Romero de Torres continuó una trayectoria de indiscutible ascenso en lo personal y en lo artístico. Tal ascenso que se prolongará hasta su muerte, dentro de un interesante fenómeno de carácter sociológico de adoración por igual desde las clases populares y las intelectuales, alcanzando una identificación visual a primera vista de un pintor con su obra como pocas veces sucede.
Desde esos primeros éxitos que suponían un radical cambio estético en relación a su pintura anterior, Romero de Torres se mantuvo fiel a su estilo, sin concesiones a los movimientos contemporáneos que sí le habían influido en momentos anteriores.
El año 1922 fue uno de los que mayores triunfos obtuvo, al realizar en la Galería Witcomb de Buenos Aires una exposición que le supuso un considerable éxito y en la que mucho tuvo que ver su amigo Valle-Inclán. La venta de todas las obras expuestas salvo dos que se reservó por motivos personales–, los numerosos encargos que ejecutó durante los meses que residió en la capital argentina y los repetidos homenajes que culminaron con su nombramiento de hijo predilecto de Córdoba, le dieron un espaldarazo definitivo en su consagración.
En este decisivo año se data el lienzo de La Buenaventura, que pudo pintar durante esa estancia bonaerense, hipótesis que se establece por la larga permanencia de la pintura en una colección argentina y por no figurar en el catálogo de la exposición de 1922, aunque sí se mostró en otra que en homenaje al pintor cordobés celebró la misma Galería Witcomb en 1943.
Sobre el alféizar de una ventana, dos mujeres sentadas, de perfil y con similar protagonismo, simbolizan la dualidad tantas veces presente en sus pinturas, como Amor Sagrado y Amor Profano (Córdoba, Colección Cajasur), Ángeles y Fuensanta (Córdoba, Museo Julio Romero de Torres) o Humo y azar (Madrid, colección particular). A la derecha, una de ellas, con atuendo popular y las piernas recogidas hacia atrás, no parece que consiga –ni siquiera mostrándole el cinco de oros– atraer la atención de la otra joven que descansa las piernas semidobladas en el propio alféizar, mientras su gesto denota una manifiesta melancolía que deja traslucir una preocupación amorosa.
Tras ellas, una vez más, Córdoba, representada ahora por la casa (con el mirador en el lado opuesto a como lo está en realidad) y fuente de la Fuenseca, el Cristo de los Faroles y el palacio del marqués de la Fuensanta del Valle (actual Conservatorio Superior de Música), en cuya puerta aparece una mujer envuelta en un mantón rojo y recostada en el quicio, recurso compositivo que usará en varias ocasiones desde Mal de amores (Córdoba, Museo de Bellas Artes), de hacia 1905.
Romero de Torres alinea como en un telón sobre un fondo de paisaje dos edificios y un monumento de hondo significado para Córdoba, sin importarle que se encuentren muy alejados entre sí en su ubicación real en la ciudad, como se analiza en Boceto del Poema de Córdoba.
Y, entre la escena de la buenaventura y el paisaje urbano del fondo, de nuevo una escena abocetada y secundaria –una mujer que parece querer retener a un hombre que huye– en clara relación con el motivo principal de la pintura: el amor o, mejor, el desamor.
Es por tanto, un cuadro de compleja lectura que quizás podríamos resumir en la tristeza de una joven enamorada de un hombre casado –circunstancia de cuyo peligro le avisa la echadora de cartas mostrándole el cinco de oros– al que en segundo plano intenta retener su esposa, quedando ésta, en un tercer plano, sola en el quicio de la puerta.
Analizando composición y tema de La Buenaventura, se hace necesaria la comparación con otras obras de Romero de Torres, lo que nos lleva a considerar el valor de la «repetición» en la pintura del maestro cordobés.
La primera repetición se da en el propio titulo, pues otro lienzo igualmente conocido como La Buenaventura, de fecha por determinar, se encuentra en una colección privada argentina.
En cuanto a la composición, la similitud más evidente la encontramos con el retrato de Conchita Torres (Madrid, colección particular), realizado hacia 1919-1920. A la figura de Conchita Torres, sentada sobre el alféizar de una ventana a la derecha de la composición, le invierte la postura y la traslada al lateral izquierdo, con escasas variantes que se limitan al atuendo y la mirada, convirtiéndola en una joven a la que sin duda acecha un doloroso mal de amores, tema también muy querido por el pintor. Falta la otra figura femenina, pero de nuevo se repite en el lienzo de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza el fondo arquitectónico y el paisaje, con la sola ausencia del Cristo de los Faroles y la modificación de la escena secundaria.
El conjunto del fondo arquitectónico se encuentra con ligeras variantes en Flor de santidad (Córdoba, Museo Julio Romero de Torres), de 1910, y en La saeta (Córdoba, Colección Cajasur), de 1918; individualizando los edificios representados volvemos a Socorro Miranda (Córdoba, Museo de Bellas Artes), de hacia 1911, o al Poema de Córdoba (Córdoba, Museo Julio Romero de Torres), que se fecha en 1913.
La mujer arrodillada y con los brazos extendidos de la escena secundaria repite la postura, aunque invertida, de una figura muy similar que pintó en 1920, en la parte superior de Santa Inés (Córdoba, Museo Julio Romero de Torres), uno de los dos únicos cuadros que no vendió en la exposición de Buenos Aires, por ser muy querido para la madre del pintor, pese a las tentadoras ofertas del gobierno argentino.
Dos mujeres –sentadas o recostadas sobre distintas bases, amigas o enfrentadas, rubias o morenas, vestidas, semidesnudas o desnudas– serán protagonistas recurrentes en el Cartel de la Feria de Córdoba de 1916, Musidora (Buenos Aires, Museo Nacional de Bellas Artes) y Los celos (Buenos Aires, Colección J. Rodolfo Bernasconi), ambos de 1922, Humo y azar (Madrid, colección particular), de hacia 1922-1923, al igual que Mujeres sobre mantón (Córdoba, Museo de Bellas Artes) y, como no, en La Buenaventura.
La baraja de cartas, aún con muy distinto significado que en el lienzo aquí estudiado, será también un elemento repetido en varias significativas pinturas del maestro: La Sibila de las Alpujarras (Córdoba, Museo Julio Romero de Torres), de 1911, ¬Humo y azar, conocido también como Jugando al monte, Cabeza de vieja (Córdoba, Museo Julio Romero de Torres), de 1928, y pudo tener intención de pintarla en el lienzo inacabado de Mujeres sobre mantón.
La firma, en letras capitales, se corresponde plenamente con la grafía que para las mismas utiliza en su época de madurez, como se ha analizado en La Feria de Córdoba .
Fuensanta García de la Torre