Día de mercado
Salvador Clemente Pérez

Día de mercado

s.f.
  • Óleo sobre tabla

    18 x 30,5 cm

    CTB.1997.28

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

La escena, situada al aire libre y en un ambiente característicamente andaluz, reproduce el bullicio y la animación que provoca en los personajes –mayoritariamente femeninos– la contemplación de las actitudes y comportamientos de sus paisanos, según una colocación desarrollada en pequeños grupos dispersos como el del lateral izquierdo, donde esa recién llegada, tocada con mantilla blanca, se dispone a cerrar la sombrilla roja al parecer apremiada por la mujer de su izquierda, quien buscaría introducirla ya en el ritual del contacto con los vecinos en tales encuentros colectivos; o al menos, en el de la observación y comentarios sobre todo aquello que pueda atraer su atención. Que ese lado izquierdo supone la introducción en la escena, lo confirma el coche de caballos que inmediatamente detrás va a pasear o a depositar a nuevos curiosos de ese afán de ocio. Otro grupo aún más contundente, el formado en primer término de la derecha con los sentados en populares sillas de madera y rodeados de todo tipo de lozas y vasijas de barro (que por otro lado parecen estar preparando en ese momento algún tipo de guiso para la comida), forma una suave diagonal con el corrillo anteriormente descrito, diagonal que casi viene a converger en ese vértice del cuadro con una mucho más acusada, la que marcan las tiendas de lona en su línea de fuga (perspectiva lineal en cuanto recurso de la geometría) y que es la que en verdad introduce la verdadera profundidad de la composición, reforzada y prolongada en su extremo más abierto por aquella alineación de los árboles del fondo. Evidentemente la aglomeración es mayor en esa zona de las carpas, las cuales, alineadas y uniformizadas en su aspecto exterior, tanto recuerdan a uno de los más característicos asuntos de bullicio al aire libre, el de las ferias y, en singular, antonomasia de la sevillana Feria de Abril con sus casetas. El predominio de los blancos en las más extremas de tales casetas, reforzados con los de algunas de los delantales o mandiles, blusas, camisas y corpiños, busca instaurar una luminosidad que supere las gamas cromáticas más apagadas o al menos esa tonalidad dominante de la arena del suelo, del color albero.

La obra puede rastrearse –y de hecho viene reproducida en la Red con el mismo título– en las páginas web de las casas de subastas que informan sobre las mismas y nos ratifican la que tuvo lugar en Sotheby’s de Nueva York el 23 octubre de 1997, origen de la adquisición de la actual propietaria tal y como viene registrada en la ficha del cuadrito. En cuanto al asunto, el costumbrismo andaluz decimonónico en modo alguno desdeña los temas de mercados y vendedores ambulantes que tanto colorido local proporcionan a esa pintura y que justifican escenas al aire libre. Bien es cierto que no encaja mucho dentro de la clasificación que para esta temática se ha hecho de «mercados, vendedores ambulantes y artesanos» en un marco urbano de exterior y como una figuración más de la vida cotidiana en la pintura andaluza, aunque algún otro cuadro de Clemente, como La recova («compra de huevos, gallinas y otras cosas semejantes, que se hace por los lugares para revenderlas» o –en segunda acepción– «paraje público en que se venden las gallinas y demás aves domésticas» según el Drae) que hasta podría responder al tercer significado de la palabra (en Andalucía, «cubierta de piedra o fábrica que se pone para defender del temporal algunas cosas») a tenor de la ilustración de la misma (Quesada 1992, p. 192, fig. 193), La recova, decimos, sí responde a esa temática de «mercados, artesanos y ambulantes» que en esta publicación se recogía (ibidem, p. 301).

Por otro lado, según las fuentes o –siendo más precisos– la documentación casi coetánea (Cascales y Muñoz 1929, vol. I, pp. 220-224) hay entre sus obras «dos tablas representando Recuerdos de la feria de Sevilla, vendidas en Londres a Mr. Arthur Tooth» (ibídem, p. 224), de la misma manera que también se cita –entre otros títulos de significado costumbrista– uno de Costumbres andaluzas, «comprado para Berlín» (ibidem). La imposibilidad de identificar con seguridad tales títulos de cuadros que entonces se daban con los hoy conocidos y reproducidos, nos impide ir más lejos en este proceso comprobatorio del asunto, así como tratar de llegar a cualquier tipo de conclusión sobre la exactitud o no de esa ambigua denominación de (Día de mercado).

Pero sí es factible deducir que la tablita en cuestión ha de ser posterior a la estancia de Clemente en París (donde entra en el círculo de Léon Bonnat y de Francisco Domingo Marqués, rindiendo el inevitable tributo a la pintura de «casacón»), o, lo que es lo mismo, posterior a ese momento de 1880 en que regresa a España y se establece definitivamente en Sevilla, con una producción también un tanto preciosista de asuntos de la vida diaria andaluza, como probablemente lo sea ese Para el mercado, de 62 cm de alto x 90 cm de ancho, que con el n.o 249 presenta a la Exposición Nacional (en esa ocasión denominada «General») de Bellas Artes de 1897 (Madrid 1897, p. 41), obteniendo una mención honorífica con diez votos (al igual que los restantes premiados) y que resulta ser el máximo y único galardón obtenido con esa también única obra y en asimismo la única ocasión en que se presenta a tal certamen oficial.

Esteban Casado