Venecia
Antonio María Reyna Manescau

Venecia

s.f.
  • Óleo sobre lienzo sobre cartón

    28,8 x 49,5 cm

    CTB.1995.51

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

El protagonismo de las masas a la izquierda (con la iglesia vista casi longitudinalmente, lo que obliga a un acusado escorzo para esa fachada barroca que podría ser la de Santa Maria del Giglio) y en el centro (donde se sitúan varias barcas con velas desplegadas) deja campo libre a la zona del mar (primer término y derecha) y el celaje, que se funden en una bella gama azul grisácea. A la ubicación de tal zona libre también ayuda la convergencia, en un imaginario punto central de la derecha, de la línea diagonal de la riva (con la característica góndola atracada en el primer término de la izquierda) y el horizonte de la isleta que incorpora los inevitables campanarios y cúpulas venecianos. Es aquí evidente el preciosismo de este tipo de paisaje y su deuda con el de Martín Rico, quien tanto protagonismo tuvo en la elección de vedute venecianas por parte de la colonia de pintores españoles. En todo caso varía, en un evidente acierto del dominio de gamas cromáticas, la percepción de la atmósfera, pues en vez del preciso luminismo provocado por el pleno sol, se capta aquí –si bien con la misma precisión en arquitecturas, objetos y figurillas (véase el primor detallístico en el gondolero en azul de la derecha o los personajes de la barca principal)–, se capta, decimos, el más cargado ambiente de un cielo plomizo. La comparación con otras versiones de la veduta, como por ejemplo la titulada Iglesia veneciana, la también titulada Venecia o la del Museo de Málaga (que nos hace suponer, por las dimensiones, que la iglesia en cuestión sea Santa Maria del Giglio si no es la de los Españoles), dejan ver variantes en las velas o, más llamativa en la pintura titulada Iglesia veneciana, en la orilla que en vez de presentarse diagonalmente se ofrece perpendicularmente a la base del cuadro, modificándose por ello el embarcadero y la colocación de las barcas de vela. Es la habilidad con la que introduce tales variantes la que nos hace sospechar una factura un tanto mecánica en la reiteración de las formas, si bien es un acierto cromático en todas las versiones la mancha anaranjada de la vela y su reflejo en el agua; reflejo –y reflejos de los otros objetos– cuya factura resulta tan ilusionista como la del más acabado dibujo de los elementos del cuadro. Añadamos por último que la inscripción «14 / 17» parece recordar a la numeración de las series litográficas o grabados de tirada limitada.

Esteban Casado