Puerto exterior y Abra de Bilbao con Punta Galea
Juan Martínez Abades

Puerto exterior y Abra de Bilbao con Punta Galea

1903
  • Óleo sobre lienzo

    90 x 200 cm

    CTB.1998.5

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Representa esta marina el Abra de Bilbao, desde Santurce o sus proximidades, no lejos del puerto, con Punta Galea al fondo. La composición, de formato muy apaisado, revela una elección meditada por parte del artista, que realizaba estas obras de gran tamaño en su estudio basándose en apuntes tomados del natural. El horizonte está situado a algo menos de la mitad de altura del cuadro (cuatro novenas partes), como es habitual en sus marinas. Otro recurso utilizado con frecuencia por Martínez Abades es el de la lengua de tierra que aparece al fondo, sobre la que destaca la espuma producida por el choque de las olas. La disposición de éstas, según un ritmo muy medido que pone de manifiesto los distintos términos de profundidad, es asimismo característica en el pintor; desde una orientación paralela al horizonte las olas avanzan con progresiva oblicuidad, de modo que la del primer plano llega a trazar una diagonal casi perfecta de la mitad inferior del cuadro y aumenta así el dinamismo del choque con la ola del reflujo, que protagoniza con su movimiento la composición. Las nubes, dispuestas al fondo de forma paralela al horizonte, también aparecen en el primer término en dirección oblicua, contraria a la de las olas. Fruto de esta estudiada disposición son el equilibrio compositivo y la ausencia de monotonía en la obra, a pesar de tratarse de una marina casi pura, con apenas una estrecha franja costera y sólo animada por el vuelo rasante de ocho gaviotas.

La ejecución revela gran variedad de pinceladas, a menudo muy sueltas; aparecen en forma moteada y de color verde y rosa en la costa, al fondo; rizadas, con nerviosa caligrafía, en los blancos de la espuma sobre el fondo azul; más cortas, anchas y empastadas en la ola del primer término a la izquierda. En el colorido, típico de las obras que pintó el artista en los primeros años del siglo, resalta la belleza del contraste entre los saturados azules oscuros del mar y los blancos de las olas, mientras que cielo y costa aparecen en tonos claros, así como el primer término. La observación de la luz se hace bien patente a través de las distintas coloraciones del mar. En algunos lugares, sobre todo hacia el centro, es visible la preparación blanca del lienzo con la que el pintor consigue producir a veces los reflejos.

Artista inquieto y en continua busca de motivos para sus pinturas, Martínez Abades realizó numerosos viajes a través de las regiones costeras españolas, muy especialmente por el norte de España. El aprovechamiento de estos motivos le valió el título, otorgado por Francisco Alcántara, de marinista por excelencia del Cantábrico. Este crítico veía en la paleta clara y vibrante del artista una orientación que calificaba como masculina, por oposición al talante más intimista y melancólico de los marinistas andaluces.

Entre las marinas del norte de España sólo las de su región natal asturiana superan en número a las del País Vasco, adonde viajó con frecuencia, al menos a partir de 1892. Entre éstas dominan las de Bilbao y sus alrededores. Influyó en ello al principio la existencia de vínculos comerciales entre Gijón y Bilbao, sobre todo a partir de la aparición de un tráfico portuario con vapores que llevaban carbón y volvían a Asturias con hierro; enseguida el artista fue apreciado por la burguesía vasca, lo que explica el gran número de vistas que pintó allí, especialmente entre 1907 y 1912, llegando a mediar incluso para que alguno de sus clientes, como Félix Chávarri, adquiriese obras de su amigo Sorolla.

Javier Barón