Playa de Sanlúcar de Barrameda
Manuel García Rodríguez

Playa de Sanlúcar de Barrameda

c. 1895-1900
  • Óleo sobre lienzo

    34 x 65,5 cm

    CTB.1994.41

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Desde la llegada de los duques de Montpensier, con la construcción de su palacio morisco en Sanlúcar, la localidad gaditana aglutinó durante los meses de verano a lo más granado de la sociedad sevillana y gaditana. Las inmediaciones de la playa-estuario, comunicada por un vapor directo con la capital, así como las de las Piletas y la cercana playa de La Jara, o el camino a Bonanza, fueron lugares que vieron surgir villas y recreos destinados a esta nueva sociedad veraneante que comenzaba a apreciar los baños de mar y a sentir los beneficios de la mentalidad salutífera. De esta nueva mentalidad participaron numerosos pintores sevillanos que a lo largo de los años sustituyeron las dilatadas estancias en la pintoresca Alcalá de Guadaíra por los veranos en Sanlúcar, hasta el punto de organizarse relevantes exposiciones locales durante el verano en dicha localidad.

Este interesante lienzo, de composición muy apaisada que recuerda las escenas de caminos y veredas cercanas a Sevilla que García Rodríguez cultivaba en los años de tránsito al nuevo siglo, recoge un encuadre de la playa de Sanlúcar en marea alta en un luminoso día de verano. El lugar en cuestión ha de tratarse de la orilla izquierda del estuario del Guadalquivir en el sentido del cauce del río, que quedaría al fondo, y donde se entrevén los barcos del puerto pesquero de Bajo Guía, el pinar de la Algaida y Bonanza. Las escasas casetas dan idea de la pionera etapa del veraneo en Andalucía por esas fechas. Como puede apreciarse, las casetas a dos aguas poseen ruedas y están desplazadas hasta la misma orilla del mar frente a las cuales nadan escasos bañistas. Mientras tanto, un grupo de damas burguesas pasean con parasoles y un grupo de chiquillos recogen conchas en la orilla en primer plano.

Todo ello quedó narrado con una intención descriptiva que escasamente apunta a preocupaciones por reflejar efectos de sol y atmósfera, por lo que hemos de pensar, respecto de la producción de García Rodríguez en fechas de los años finales de la última década del siglo XIX. El hecho de que el lienzo posea un formato reducido y esté dedicado habla de relaciones sociales y de amistad durante las estancias veraniegas en Sanlúcar. Un hecho que queda reflejado en otras composiciones de pintores, dedicadas a la vida social y a los tipos y circunstancias que concurrían durante las jornadas en la playa sanluqueña, concretamente el jerezano Álvarez Algeciras y el sevillano Joaquín Turina, entre otros. En esta línea ha de enmarcarse esta obra de García Rodríguez.

Juan Fernández Lacomba