Pareja galante en la fuente
Eduardo Sánchez Solá

Pareja galante en la fuente

s.f.
  • Óleo sobre lienzo

    51 x 31 cm

    CTB.2009.25

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

En un formato acusadamente vertical se enmarcan ambas figuras: la de la izquierda, el joven –de aspecto casi adolescente y apoyado en el brocal– queda tapado de cintura para abajo por el alzado del propio pozo, que refuerza ese verticalismo por medio del alto zócalo. La muchacha, aunque sentada, cumple la isocefalia gracias a que se dispone en situación más elevada, sobre un escalón aún más alto que el zócalo del pozo que refuerza en su escorzo y en la dura geometría de sus aristas las calidades pétreas de esta parte inferior del cuadro. A toda esa solidez de la zona baja se opone en la superior del lado derecho –y reforzando así la verticalidad por encima de la doncella– la consistencia menos evidente de una masa arbórea que oculta el celaje de ese lado, pero tan armónicamente dispuesta que juega a marcar unas líneas paralelas por medio de las diagonales del tronco del árbol y el tronco de la figura femenina. Igualmente el equilibrio de masas es perceptible en la zona media del cuadro, en la correspondencia entre el volumen del pozo y la marcada tridimensionalidad –casi estatuaria– del cuerpo femenino de cintura para abajo, gracias al acusado escorzo de las piernas femeninas, rematado cromáticamente por la blancura de las puntillas y el rosa de la cinta en esa zona del halda. A la contundencia de estas formas ayuda visualmente la rotundidad –o sea, redondez– de la jarra que sostiene la cortejada, lógica cerámica granadina de blancos, azules y verdes, en vasija cuyos ribetes de azul entonan perfectamente con el azul de la falda, la cual se despliega asimismo en los ribetes blancos de sus volantes y los blancos de los sutiles estampados. Azul es asimismo la chaquetilla del enamorado, de vistosos caireles, que se completa con la faja y el pañuelo de color membrillo en perfecta conjunción con la blusa de ella, del mismo color aunque de nuevo con los finos estampados blancos, como blanco es su pañuelo al cuello armonizando con el delantal en el halda.

Pese a las pequeñas dimensiones, ese sentido monumental de las formas humanas es peculiar de este pintor de la escuela granadina, del que los diccionarios biográficos no olvidan señalar sus características de pintor de escenas de género, retratos y animales además de acuarelista, dibujante e ilustrador. En efecto, un asunto similar al cuadro que catalogamos, o sea «pelar la pava» con unos referentes arquitectónicos de grandes sillares y un aire costumbrista, es el representado en Patio andaluz . Otras veces son un escorzo o una postura los que se repiten, como el torso femenino inclinado hacia adelante en diagonal y un cuarto de giro (o sea, entre la visión frontal y la de perfil) de Valenciana regando las flores –óleo sobre lienzo, 96 x 62 cm, firmado: «E. Sánchez Solá», en el comercio (Subastas Gran Vía de Bilbao, lote n.o 183)– que, aunque en pie y con su pierna izquierda adelantada y ligeramente levantada, recuerda un tanto a la actitud de la muchacha de la pintura que estamos catalogando.

Si como pintor de animales rinde tributo a una cierta sensiblería en sus cuadros de gatitos, su otra gran especialización son los cuadritos de monaguillos (Arnáiz et al. 1988-1993, t. X [1993], p. 86, reproducción con el título genérico de Monaguillos y cita de una Cabeza de monaguillo; Bénézit 1999, t. XII, cita también genérica de «enfants de choeur» dentro de esa parte de su producción a la que se denomina –exageradamente– escenas de género tomadas del natural; Travesuras –óleo sobre lienzo, 106 x 82 cm, firmado, colección particular–; Monaguillos en la sacristía –óleo sobre lienzo, 68,5 x 99 cm, firmado, en el comercio [Madrid, Goya Subastas, 10 de junio de 2010, lote n.o 117]–; Trastadas de monaguillos –óleo sobre lienzo, 68,5 x 99 cm, firmado, en el comercio [Madrid, Goya Subastas, 10 de junio de 2010, lote n.o 118]–; Monaguillos en la sacristía –óleo sobre lienzo, 70 x 100 cm, firmado, en el comercio [Madrid, Ansorena, 15 de diciembre de 2011, lote n.o 356]–; Monaguillo fumando [óleo sobre lienzo, en el comercio [Madrid, Ansorena, 2 de octubre de 2007, lote n.o 109]–; Clérigo y monaguillo con brasero [óleo sobre lienzo, en el comercio [Madrid, Subastas Segre, 16 de mayo de 2005, lote n.o 73]–; Corto y ceñido –referencia jocosa al juego de los acólitos reproduciendo la suerte taurina de entrar a matar– y Haz lo que quieras).

La denominación de «pintor de los monaguillos» viene apoyada en lo que en su momento escribiera Gaya Nuño; previamente habría que recordar que pintores de más fama y éxito económico, como José Gallegos y Arnosa (1859-1917), practicaron este género, y del pintor jerezano, del que la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza posee Niños del coro (p. *), ya señalábamos respecto a esa obra la desenfadada expresión de «Monaguillismo con mayúscula» fijada en su momento por Gaya Nuño: «La mediocridad de los años de Cánovas y Sagasta [adviértase aquí todavía el lastre de algunos prejuicios contra cierta estética de la Restauración alfonsina, anotamos nosotros] no se contentó con menos que rebajar la pintura de carácter religioso hasta el nivel de los monaguillos, en los que se veían angelicales y purísimas gracias […] Fue un verdadero furor, al que colaboraron casi todos, sin duda porque las infelices clientelas así lo exigían […] Hubo pintor, Eduardo Sánchez Sola [el subrayado con negrita es nuestro], que se especializó en tan imbécil género, y sus monaguillos fumando en la sacristía, jugando a los toros o a la baraja, haciendo diabluras mientras sestea el sacristán, etc., etc., debieron tenerse por encantadores hallazgos». Y hasta del propio Picasso señaló el estudioso que cayó en el «monaguillismo».

Esteban Casado