Marina II
Guillermo Gómez Gil

Marina II

s.f.
  • Óleo sobre lienzo

    89 x 115 cm

    CTB.1984.25

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Dentro del interés por el mar que Guillermo Gómez Gil manifestó a lo largo de su carrera, donde mejor se mueve y más honradez muestra en su trabajo es cuando se decide a plasmar la personalidad de los mares, según los capta en ese momento de unión íntima entre el pintor y la naturaleza. Es entonces cuando la inmediatez de lo percibido se registra en su retina y con escrupulosidad, aunque también con devoción, se apresura a registrar lo visto y lo sentido, pero especialmente –y ahí es donde encontramos su coherencia con las estéticas del momento– lo constatado, no tratando de manipular la naturaleza –en este caso el mar acariciando la orilla–, y dejándola expresarse con toda su personalidad.

En esta Marina que nos ocupa, el pintor nos invita a sumergirnos en un mar apacible, apenas exaltado por rayos de sol que se filtran con sosiego entre unas nubes que no desestabilizan anunciando un drama. Los dos puntos de rudeza, equilibrados en la composición para no herir, son esas masas rocosas que se han elegido en el encuadre para activar la composición con ciertos juegos lineales. Van a ser los verdes y los grises los que en suave armonía construyan un paisaje sereno y sincero, en el que Gómez Gil ha huido intencionadamente de poetizar o dramatizar con la paleta violenta y agresiva de las horas extremas, como en otras composiciones más comerciales. Por ello, esta Marina se mueve, dentro de su placidez, en el territorio del realismo del fin de siglo español, tras de Beruete, y nos informa de las posibilidades del pintor para trabajar un género con el que se podía estar en la actualidad sin necesidad de grandes riesgos y experimentos, sencillamente ejerciendo de realista.

Teresa Sauret Guerrero