Marina (Vista de la Bahía de Palma de Mallorca)
Antonio Muñoz Degrain

Marina (Vista de la Bahía de Palma de Mallorca)

c. 1905-1910
  • Óleo sobre lienzo

    89 x 133,5 cm

    CTB.1996.53

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Aunque no se conoce la existencia de otros paisajes marinos de Palma de Mallorca de Muñoz Degrain, esta pintura se integra en la amplia serie de obras suyas que tienen por tema el Mediterráneo. Y de manera más concreta, se relaciona con algunos paisajes inspirados en el viaje a Palestina, Turquía y Grecia, realizado entre mayo y agosto de 1905. Tenemos noticias de este viaje por la narración del propio pintor, y aunque no habla de una estancia en Mallorca es posible que hubiera incluido las Baleares en este crucero de trabajo. En todo caso, cabe suponer alguna relación del pintor con Mallorca por cuanto en 1922 fue propuesto como académico por la Academia de Palma de Mallorca. En este viaje, según sus propias palabras, Muñoz Degrain encontró inspiración para varias de sus mejores obras. Efectivamente, los cuadros pintados entre 1905 y 1910, con títulos relacionados con paisajes y temas de Oriente Medio, tienen una unidad estilística y cromática tan peculiar que hacen de ellos uno de los conjuntos más atractivos de la producción de Muñoz.

En este cuadro desarrolla la gama cromática con la que convencionalmente se identifica a Muñoz Degrain: morados, anaranjados, amarillos y azules. La pincelada es muy amplia, suelta y de factura desigual para adaptarse a las diferentes calidades visuales del agua, las rocas, el cielo, etc. El valor de estos gestos es tan intenso que la eventualidad de una semejanza topográfica o cromática con el lugar real deja de tener importancia para el espectador, que se siente arrastrado tras el sentimiento emocionado del pintor frente a la luz y sus efectos cromáticos, así como por su capacidad de utilizar el natural como fuente de producción de sensaciones que el pincel habría de transformar en forma y color. Puesto que la sensibilidad del pintor es esencialmente dinámica, consigue con frecuencia sugerir la acción dentro del paisaje, no sólo mediante la introducción de figuras u objetos en movimiento descuidadamente pintadas sino sobre todo al lograr hacer vibrar la imagen hasta el extremo de que lo que llega al espectador no es la visión de sólidas rocas o aguas inestables sino el choque constante de la luz sobre estos elementos y los destellos brillantes que capta el ojo inmerso en la luz rojiza del atardecer.

Entre todos los lienzos de la serie de Oriente Medio, el que más se aproxima por su composición a esta Vista de la bahía de Palma de Mallorca es El Líbano desde el mar, conservado en el Museo de Bellas Artes de Valencia. En ambos casos la composición es horizontal y el punto de vista introduce al espectador en el mar como si navegara en una barca, observando el movimiento de otras embarcaciones y las costas rocosas al fondo, cerrando el horizonte. Pero mientras en El Líbano desde el mar, junto a los veleros reales próximos a la costa, aparece en primer plano una embarcación de diseño caprichoso que pudiera querer interpretar la tipología de las antiguas embarcaciones fenicias; en Vista de la bahía de Palma de Mallorca el conjunto de las embarcaciones es moderno. Desde la izquierda avanza hacia el centro un vapor compositivamente compensado por la boya roja con un letrero en el que se lee «Palma» y entre ambos, otros veleros de recreo dando vueltas en círculo en las proximidades de la costa, mientras que en primer plano una nota humorística no frecuente en Muñoz Degrain viene dada por la pequeña barquita de remos en la que una elegante figura femenina, vestida con refinado traje de vacaciones, rema apresuradamente mientras su compañero, posiblemente mareado, se apoya en la popa.

La valoración del artista nos viene a la mente: «Estimo la sinceridad en el arte como una virtud capaz de mantener en equilibrio el espíritu del artista, solicitado en estos tiempos por extrañas y no siempre viables novedades; pero estoy muy lejos de considerar como forzosamente artísticas todas las manifestaciones sinceras. Tan espontáneo es el ganso cuando grazna como el ruiseñor cuando canta [...]».

Carmen Gracia