La procesión de las Siete Palabras
Gonzalo Bilbao Martínez

La procesión de las Siete Palabras

1902
  • Óleo sobre lienzo

    54 x 45 cm

    CTB.2003.7

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

La Semana Santa, como manifestación pública de la fe popular de determinadas hermandades, tiene fuerte arraigo en las tradiciones sevillanas desde la Baja Edad Media, si bien fue a partir del Concilio de Trento y durante el Barroco cuando surge la estación penitencial a cargo de las nuevas cofradías, llegando a constituir un verdadero motivo festivo de carácter litúrgico desde el segundo tercio del siglo XIX. Con la Sevilla isabelina, marco ideal de los desfiles procesionales, éstos comienzan a ser representados en románticas escenificaciones artísticas, sobre todo en pinturas, como imágenes propias del costumbrismo local y adquiridas por viajeros que llegaban a la ciudad. A su difusión contribuyeron la vinculación y consiguiente protección que los Montpensier dispensaron a las hermandades. El romanticismo acuñó la representación pictórica procesional sevillana, potenciando su imagen hacia la etapa finisecular, que renovó técnicamente el regionalismo desde comienzos del novecientos con la intención de cambiar la leyenda pintoresca por la definición de los elementos específicamente andaluces, lo que daría lugar a una fecunda tarea de reflexión sobre lo regional.

Gonzalo Bilbao es el más caracterizado renovador del costumbrismo romántico en el primer regionalismo sevillano a comienzos del novecientos. Su obra adquiere así un carácter popular y pintoresco afín al que quisieron imprimir a las suyas los pintores de generaciones anteriores. La esencia espiritual de su obra costumbrista sigue siendo romántica, sólo cambian las formas, la técnica, pues ella tiene el sentido profundamente sevillano y andaluz de hacer festiva la Pasión de Cristo. Además, su sensibilidad artística y sus creencias cristianas le hacen llevar al lienzo lo que ve y siente.

El año 1902 es el de la proclamación de Alfonso XIII como nuevo rey de España. Llega a Sevilla Joaquín Sorolla invitado a presenciar y de paso pintar los desfiles procesionales por el propio Gonzalo Bilbao, quien ejecuta entonces esta escena de la entrada de la hermandad de las Siete Palabras en la catedral metropolitana, precisamente cuando se planteaba por las cofradías hispalenses la libertad de una nueva carrera oficial.

El pintor, cual reportero fotográfico, se sitúa ante el tramo principal del cortejo. En primer plano, el hermano mayor vara en mano; tras él, varios nazarenos también con túnica blanca y zapatos negros, unos con cirios, otro con la bandera alba; en medio, jóvenes con ciriales y un monaguillo turiferario. En los extremos, mujeres de mantillas. Al fondo el paso, compuesto por el roldaniano crucificado titular de la hermandad, y las decimonónicas imágenes de la Virgen de los Remedios, san Juan y la Magdalena.

La obra, apenas dibujada, manifiesta una valiente soltura de paleta a base de toques cromáticos esporádicos de sencilla gama, predominando los tonos blancos y algún dorado, rojo y verde.

Gerardo Pérez Calero