Galanteo
José García Ramos

Galanteo

c. 1895
  • Pluma y aguada sobre cartón

    26 x 28 cm

    CTB.1999.8

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

García Ramos es uno de los más significativos exponentes de la pintura sevillana de la segunda mitad del XIX. Discípulo primero de Eduardo Cano, fue en realidad con José Jiménez Aranda con quien completó su formación inicial y le orientó de manera decisiva en la conformación de su universo plástico, con él viajó a Roma en 1872. Como sucede con la mayor parte de los artistas de esa generación que visitaron la Ciudad Eterna, García Ramos no pudo sustraerse al influjo del mítico Mariano Fortuny. Aparte de viajar por Italia, donde visitó también Nápoles y Venecia, se desplaza a Francia, residiendo un tiempo en París. En 1882 regresa definitivamente a Sevilla, donde se convierte en uno de los más eficaces intérpretes del tipismo folclorista local, reflejando la vida cotidiana de la ciudad en todas sus facetas: el tablao, la taberna, la feria, el carnaval, el galanteo, la riña, los toros, la Feria, la Semana Santa... A pesar de esta preferencia por las manifestaciones locales, que tenían un éxito de mercado asegurado, su obra se abre hacia otro tipo de expresiones que reflejan los contrastes y de la gran ciudad. Una opción que queda ejemplificada en los distintos lienzos que abordan las salidas de bailes nocturnos.

García Ramos fue además un prolífico dibujante e ilustrador gráfico. Entre otras, colaboró para revistas tan prestigiosas y difundidas de la época como La Ilustración Española y Americana, La Ilustración Artística y Blanco y Negro. También tuvo incursiones en el cartel festivo, como es el caso del que realizó para la Semana Santa y la Feria de 1890, donde se mantiene fiel a ese tipismo costumbrista que le caracteriza. Entre la ilustración de libros destaca la de la obra de Mas y Prat, Tierra de María Santísima. Un título ya de por sí muy en consonancia con expresiones de sus propia obra pictórica.

La obra que se expone en el Museo Carmen Thyssen Málaga se inserta en este apartado de la producción sobre papel de García Ramos. En ella representa una galante escena mundana en un local público. Al igual que sucede con sus animados y desenfadados lienzos en los cuales representa las salidas de bailes de máscaras, el costumbrismo de García Ramos se distancia ahora del ámbito de lo local y folclórico para narrar la cotidianeidad de la vida frívola de la gran ciudad que él ha conocido de manera directa durante su estancia en París. En esta escena describe el ambiente de un local o salón recreativo de fin de siglo frecuentado por mujeres, militares y civiles de extracción burguesa. Una escena que es aparentemente la otra cara de la moneda de los ambientes flamencos con los que cosechó parte de su mayor éxito y popularidad, pero la mirada y concepción vital es similar.

El grupo protagonista de la izquierda muestra el momento de presentación y saludo de tres mujeres ataviadas a la moda, cubiertas con llamativos sombreros, y tres hombres también vestidos a la moda, dos con bombín y otro con chistera. El motivo de la conversación o encuentro parece girar en torno a la ampliación del grupo: el hombre y la mujer de perfil se saludan como si acabases de ser presentados, mientras los restantes los observan con tono sonriente y cómplice. Toda la escena está impregnada de un erotismo más o menos velado y de actitudes y gestos indicativos del mayor o menor grado en la iniciación en la vida, la picardía de los hombres o la supuesta ingenuidad o desenfado de las mujeres. La joven de perfil, la más atractiva, lleva una vestimenta bajo la que se adivina un apretado corsé que potencia el volumen de sus pechos. La del centro, con el brazo en jarras, mira sonriente y satisfecha, como artífice principal de la presentación, al igual que el risueño hombre con chistera. Con un aire más apocado se recorta el rostro de la tercera joven, casi oculta por las otras y con unos rasgos menos atractivos, y más tímido parece también el tercero de los hombres, con bombín, que mira con admiración a la nueva chica.

Al situar el grupo protagonista en el primer plano del lateral izquierdo, invita a una lectura diagonal de la obra. Por el contrario, al fondo, a la derecha, describe el ambiente relajado y desinhibido del local, en el que destaca una mesa con mujeres y militares a su alrededor. La voluptuosidad es mucho más directa en estas figuras del fondo. De entre ellas llama la atención la muchacha sentada junto al velador, que de manera indolente aparece casi recostada, con un brazo apoyado en la mesa sobre el que deja caer la cabeza, recreando en cierto sentido una variante de la iconografía tan extendida en el fin de siglo de la mujer postrada. Esta joven sonriente mira al espectador mientras escucha la insinuaciones del militar que hay sentado a su lado.

La técnica de aguada con toques de acuarela con que está abordada esta escena denota el perfecto dominio de la técnica de la pintura al agua por parte de García Ramos. En ella combina el minucioso acabado de las figuras con los toques de manchas más líquidas en el primer plano y el fondo para sugerir los reflejos del suelo y la atmosfera cargada del salón. A juzgar por las vestimentas y tono general, podría situarse esta obra hacia mediados de 1890. De hecho podría relacionarse con el tono de algunas de sus ilustraciones para publicaciones periódicas.

Francisco Javier Pérez Rojas