Escena de una venta
Manuel Cabral Aguado Bejarano

Escena de una venta

1855
  • Óleo sobre lienzo

    62 x 52 cm

    CTB.1994.52

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Los viajeros, ricamente vestidos como majos andaluces, son, seguramente, contrabandistas, pues van armados. Uno de ellos parece vigilar en el porche de la venta y, en primer término, en la penumbra figuran unos fardos. El viajero que está de pie lleva zahones de paño de color castaño ribeteado y con vuelta de terciopelo azul oscuro, a juego con la chaquetilla, con botonadura de oro, cubierta por la manta de rayas. El otro, sentado sobre su propia manta, viste chaleco, faja roja en cuyos pliegues, al costado, se ve una daga. Ambos llevan polainas de cuero que, desabrochadas, dejan al descubierto la pierna. Se cubren con pañuelos para evitar el polvo del camino, que asoman bajo el sombrero calañés. La maja, a la que habrán pedido que toque la guitarra, lleva un vestido azul ribeteado en negro y se adorna con gargantilla y brazaletes a juego y flores en el pelo. El ventero, de pie ante una mesa en la que hay una pequeña fuente con olivas, dos vasos para cañas y una botella de manzanilla o amontillado, lleva en la mano un plato con un guiso.

La obra pertenece al mejor momento de la producción de su autor. Denota un interés en captar un espacio interior amplio gracias a la hábil utilización de los elementos arquitectónicos, que también aparece en algunas otras obras del artista en esta Colección. Eso le lleva a mostrar, más allá del recinto principal de la venta, separada por una arquería dispuesta oblicuamente, el zaguán, y, más allá, el porche abierto a un luminoso paisaje. En cada uno de estos espacios el pintor coloca algún objeto –la silla en el porche; una repisa con un plato, una botella y una jarra de cobre en el zaguán, y una escoba en el espacio del primer término– que sirve para ambientar el conjunto, y que da, así, una impresión de naturalidad sólo desmentida por la actitud un poco afectada de la figura de la izquierda.

De todos modos, la composición está en deuda con el dibujo de José Domínguez Bécquer, litografiado (invertido) por Adolphe-Jean-Baptiste Bayot para el tercer tomo de la España artística y monumental (París, 1844) que dirigió Genaro Pérez Villaamil, como se ve por la postura del personaje que está de espaldas y en la similitud del interior arquitectónico, aunque las figuras sean mucho más numerosas. Esta litografía tuvo cierta fortuna, pues aún a finales de siglo proporcionó la composición de algún óleo, como el que de José Fernández Alvarado figura en la sevillana colección Bellver. El título de la estampa, Los ladrones en una venta, resulta indicativo de la condición de los personajes, aunque en la obra que se cataloga se trata, más bien, de contrabandistas, dedicación que gozaba de mucho prestigio en la Andalucía de la época.

Se conoce al menos una variante del motivo, con parecida arquitectura y encuadre, y similares personajes, especialmente los dos que están sentados. El asunto de interiores de ventas y mesones fue muy frecuente en la pintura andaluza. De ese mismo año 1855 cabe citar una pintura de Joaquín Domínguez Bécquer, con numerosas figuras, y el propio Cabral lo cultivó en otras ocasiones. También son muy numerosas las representaciones de contrabandistas. La obra es un buen ejemplo del gusto de la época por los interiores con personajes característicos, propio, sobre todo, de la clientela anglosajona. Precisamente inglés debió de ser el primer comprador de esta obra, a juzgar por la etiqueta que conserva, en este idioma, y que indica que fue adquirida en Sevilla el mismo año de su realización.

Javier Barón