El chico de la gallina
Manuel Benedito Vives

El chico de la gallina

1913
  • Óleo sobre lienzo

    67 x 48 cm

    CTB.2012.7

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga

Manuel Benedito Vives (1875-1963) fue un destacado discípulo de Joaquín Sorolla, pero a pesar de la intensa influencia de su maestro, desarrolló un estilo propio dentro la tradición de la pintura valenciana de principios del siglo XX. Los viajes del pintor a Italia, Francia, Bélgica y Holanda le aportaron una visión diferente que enriqueció y distinguió su pintura. Manuel Benedito cultivó principalmente el género del paisaje y la naturaleza muerta, pero destacó por ser un excelente retratista. Se convirtió en uno de los pintores preferidos de la aristocracia española de la época, lo que consolidó su prestigio como artista. Retrató a ilustres personajes y fue pintor de la corte de S.M. el rey Alfonso XIII.

Durante su estancia en Castilla, Benedito se vio atraído por una tipología de pintura de temática más regionalista, que representaba escenas y personajes de carácter humilde. Precisamente la singularidad del cuadro El chico de la gallina reside en que en esta obra el pintor incorpora un género de retrato mucho más popular, frente a la tipología de elegantes damas de la alta sociedad que realizaba habitualmente.

Manuel Benedito ejecutó El chico de la gallina en 1913, durante una de sus estancias en Córdoba, en la finca Navaloscorchos. El pintor, aficionado a la caza y a la montería, pasaba largas temporadas en las casas de sus amigos aristócratas. En ese mismo año, durante una de estas estancias en la citada finca, propiedad de su amigo Luis Gómez de la Lama, realizaría varias pinturas, entre ellas la famosa Vuelta de la montería (colección Fundación Banco Santander). En El chico de la gallina el autor retrata al hijo de «el Apreciao», el montero mayor. El muchacho aparece representado en primer término, sobre un fondo de color neutro. Viste con camisa blanca y gorro, y sostiene una gallina en los brazos. Ausente de cualquier artificio, el pintor muestra con gran naturalidad y sencillez al chico. Utiliza una paleta de colores más bien austeros, destacando, sin embargo, una única nota de color más vivo aportada por el plumaje amarillo y rojizo de la gallina. Cabe señalar que la técnica del dibujo y la iluminación son manejadas a la perfección por el pintor.

Al observar la forma de representación, composición e iluminación de la escena, resulta inevitable pensar en la influencia de los grandes maestros españoles del siglo XVII, por los que Manuel Benedito sentía gran admiración. En gran parte de sus retratos y naturalezas muertas estará presente el influjo de la pintura barroca, especialmente de Murillo y Velázquez. Posiblemente El chico de la gallina sea uno de los ejemplos más notables de este tipo de influencia, junto con otros retratos: Mis sobrinas de 1913 (Madrid, Fundación Manuel Benedito) o La campesina de 1944 (colección particular).

El chico de la gallina, obra incorporada recientemente a la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, pertenecía a la antigua colección conde de Adanero, posteriormente colección marqués de Castroserna (familia Mazzuchelli-Urquijo), de Madrid. Se sabe que Manuel Benedito realizó dos copias del lienzo de 1913, una en 1918 y otra en 1926, que fueron adquiridas por coleccionistas privados.

María Luisa García Serrano