Baño en la playa junto a los carromatos
José Navarro Llorens

Baño en la playa junto a los carromatos

c. 1915
  • Acuarela sobre papel

    26,5 x 34,5 cm

    CTB.1995.61

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Una mujer, cubierta con un pañuelo color salmón en su cabeza, despliega una gran sábana blanca para secar a una niña recién bañada en un barreño. Tras de sí, dos niños esperan su turno, uno de ellos sentado sobre la arena, mientras, en segundo término unos bueyes sacan del agua una barca con una enorme vela de sombras azules hinchada por el viento, que acaba de regresar de la pesca. A ambos lados de la acuarela, unas casetas-vestuario móviles, dispuestas en diferentes planos, logran un perfecto encuadre de la escena caracterizada por el incesante movimiento de los elementos que la componen. El resto de personajes se resuelve de forma muy abocetada, adivinando la presencia del hombre que conduce los bueyes, los dos niños situados junto a la caseta verde que con el número doce se sitúa a la derecha, o la del personaje que a la izquierda aparece medio oculto tras la sábana.

El hábil manejo que el pintor hace de la luz del sol es una constante en cada una de sus pinturas. Aquí, la baja intensidad de una luz que parece como tamizada, amortigua los efectos de contraluz que dominan la composición, logrando transmitir a una escena costumbrista de carácter puramente anecdótico cierto aire de dramatismo, que probablemente no se corresponda con lo que representa. Todo ello está logrado con una pincelada rápida, segura y de corto recorrido, definitiva como en todas las acuarelas, que viene a demostrar la capacidad del pintor en la realización de pequeñas composiciones resueltas en un breve espacio de tiempo. Estas características relacionan su arte con dos de los grandes maestros del pequeño formato, como son Mariano Fortuny y Francisco Domingo, a quienes muy probablemente admiraría, al ser ambos por aquel entonces dos de los máximos representantes del arte español en tierras extranjeras. A pesar de que Navarro no viajase posiblemente ni a Roma ni a París, estaría sin duda en contacto con las tendencias artísticas marcadas por el mercado internacional del arte, que en aquellos momentos exigía la elaboración en pequeño formato y rápida resolución, en un género que popularmente es conocido como de tableautin.

Una vez más, Navarro Llorens afronta con resultados excelentes el tema del costumbrismo realista ambientado, muy probablemente en esta ocasión, en el mar levantino, tema que encuentra su máxima representación en la obra de su amigo Joaquín Sorolla y que está directamente vinculado a la literatura de otro ilustre valenciano, Vicente Blasco Ibáñez. Al respecto cabe señalar la estrecha vinculación entre el arte de nuestro pintor con la pintura del célebre Sorolla –como recientemente ha sabido ver Carmen Gracia–, conocida la amistad y admiración que al parecer existió entre ambos.

Aquí podemos ver la clara relación que hay entre esta pintura y dos de las realizadas por aquél entre finales del siglo XIX y principios del XX. Así, destaca la similitud existente entre este grupo de bueyes que arrastran la barca hacia el interior de la playa con el que aparece en la obra de Sorolla titulada La vuelta de la pesca, del Musée d’Orsay, grupo que por otra parte repetirá el pintor de Godella en obras como La vuelta de la pesca o Figuras en la playa, ambas en la colección Pedro Masaveu. De igual forma, los niños que aparecen en primer término recuerdan a los que podemos ver en el conocido lienzo Triste herencia de la colección Bancaja. También, y del mismo Sorolla, queremos recordar por la semejanza con el tema, la presencia de un lienzo localizado en la Hispanic Society of America de Nueva York titulado Playa de Valencia, realizado en 1908. La variedad cromática alcanzada a través de nuevos matices con los que consigue dar el volumen deseado, la pincelada suelta y la corrección del dibujo, aspectos a los que se suma la referida semejanza con los lienzos de Sorolla, sitúan aproximadamente la presente obra entre la primera y la segunda década del siglo XX.

Vicente Samper