Baile en el exterior de una venta
Joaquín Domínguez Bécquer

Baile en el exterior de una venta

1867
  • Óleo sobre lienzo

    56,5 x 101 cm

    CTB.1994.36

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Este lienzo, pareja del que representa La Feria de Sevilla (p. *), muestra un paisaje abierto, seguramente de los alrededores de esta misma ciudad, en el que varios personajes celebran una merienda campestre al atardecer, junto a una cruz de término. Al pie de la cruz de piedra que señala el cruce de caminos, un grupo de andaluces jalean con las palmas a una moza que baila haciendo sonar sus castañuelas. En el suelo puede verse el mantel con las sobras de la comida y, sentados a la sombra del pedestal descansa una pareja con su pequeño recién nacido, mientras unos pilluelos distraídos del grupo juegan tumbados en la hierba. Todos ellos son observados por un pastor de ovejas, que se apoya en su cayado al pie de unos pinos, en el extremo derecho.

Si el cuadro compañero es testimonio de la especial predilección de Joaquín Domínguez Bécquer por las escenas urbanas ambientadas en la ciudad de Sevilla –género en el que dejaría algunas de las obras más significativas de toda su producción–, este lienzo muestra por su parte la gran habilidad del artista en las panorámicas de amplios paisajes abiertos, de horizonte bajo y gran desarrollo de celaje, teñidas de una calma bucólica y aderezadas con pequeñas escenas costumbristas de sabor anecdótico, a las que nunca renunció.

En esta ocasión, el pintor demuestra una gran elegancia en la composición del paisaje, de marcado formato horizontal, desplazando los principales centros de atención hacia los extremos, y salpicando toda la campiña de elementos diversos que van conduciendo la mirada del espectador desde el primer término hasta la lejanía. Así, a partir del grupo principal, y siguiendo por la venta situada junto al camino, por el que transitan dos caminantes, las cabañas que se levantan más atrás flanqueando la calzada y el monasterio visible al fondo, tras la arboleda, los diferentes ingredientes del paisaje están tratados con una ejecución primorosa y atenta que no descuida, sin embargo, los elementos naturales de la campiña y, sobre todo, el amplio despliegue del cielo, surcado de nubes, que demuestran las indiscutibles facultades del pintor para este género, en el que destacó entre el resto de los pintores sevillanos del romanticismo tardío.

José Luis Díez