Andaluces en la venta
José Rico Cejudo

Andaluces en la venta

s.f.
  • Óleo sobre tabla

    37 x 54 cm

    CTB.2001.17

  • © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

En un característico patio andaluz dos grupos de personajes se manifiestan en distintas actitudes, con una cierta simetría ponderada según un imaginario plano diagonal que va de la esquina de la alberca, en primer término a la izquierda, al ángulo del patio. En el de primer término, en la mitad derecha, Rico Cejudo nos presenta a un vendedor de flores que, en cuclillas, negocia su mercancía con la mujer de blusa blanca, ataviada, como todas las figuras en esta pintura costumbrista, con vestimenta regional; la mujer parece estar eligiendo las flores para su tocado del pelo, tal como las llevan sus compañeras que asisten atentas a la transacción. El grupo más lejano, en el lateral izquierdo, está formado por personajes que charlan amigablemente; una última figura, que pasa prácticamente desapercibida, se insinúa en la oscuridad del interior a través de la ventana del fondo.

La ambientación de carácter popular se consigue con variados recursos. Los hay arquitectónicos, como el tradicional alicatado de azulejos tan similares aquí a los pintados en otro de sus cuadros costumbristas, La visita del cura, también reproducido como Concierto de guitarra; asimismo están el verdor y la vegetación propios de cualquier ambiente andaluz, en este caso desde las macetas de geranios y azaleas o el emparrado de la pared hasta la hiedra de esa fuga del paisaje que se genera a partir de la abertura del muro en el ángulo superior izquierdo; igualmente la calidez que proporcionan las celosías en madera o las jaulas de los pájaros en los enlucidos muros; todo ello en la línea casticista y costumbrista que ya ejercitara su maestro García Ramos, cuya influencia es patente aquí. Y hasta la solería de baldosas y las inscripciones de las paredes, tanto la del cartel taurino («Plaza de toros / de / Sevilla / Lidiadores / Antonio Sánchez El / Tato / ... Gordito») como las pintadas («Benta Der Tio Fauga», «Menuo / y / Caracole»), que son recursos también practicados a veces por García Ramos, refuerzan la sensación de un ámbito vivido, un espacio utilizado.

La ubicación de estas escenas en patios andaluces –piénsese también en La Buenaventura y otros similares– o en espacios sucedáneos como la azotea –así en la citada Visita del cura– remite a lo señalado por Quesada sobre ámbitos tales, incluso el jardín, en cuanto marco para fiestas familiares y de vecindad, bodas y bautizos, cruces de mayo (temática también tratada por el pintor), noches de velada trasladadas al patio y hasta ocasionales vendedores ambulantes, asuntos todos ellos tan del gusto de esta pintura. Y es que la acusación a su maestro José García Ramos –que es casi por antonomasia el maestro del cuadro de costumbres andaluzas y que igualmente parecería extensible al discípulo Rico Cejudo– de crear una Andalucía falsa en correspondencia con la literatura de los Álvarez Quintero, se deshace cuando tenemos presente que aunque hubo ciertamente una Andalucía trágica y de conflictos sociales, también existió la de las cruces de mayo, las tertulias de patio, los curas de misa, olla y chocolate o copita de fino; en suma, la de una cotidianidad amable que fue la que se llevó a los lienzos. Dicho de otra forma, Rico Cejudo se asemeja a García Ramos en el carácter alegre y en su amor a Sevilla. O como escribiera el también pintor Virgilio Mattoni del propio Rico tras describirlo como chispeante y decidor, «recuerdo» de García Ramos, y pintor de la alegría y del movimiento, sus cuadros huelen a «manzanilla fina».

Esteban Casado