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Accesibilidad

Colección permanente

La producción artística del s.XIX a diferencia de la del Antiguo Régimen, nace con la aspiración de emocionar a un público amplio y anónimo. Todo ello en un contexto de profunda transformación social, política y urbana, donde el consumo privado del arte por los nuevos mecenas: la burguesía y las instituciones, demandan un arte amable, emocionante y pintoresco.

Es pues este también, el punto de partida cuando recorremos la primera de las salas del Museo. Artistas como Barrón, Fritz Bamberger, Jiménez Aranda muestran en sus obras ese gusto por lo anecdótico, por el nuevo paisaje de las ciudades, especialmente las andaluzas y muestran con especial delicadeza esa atmosfera en sus escenas y paisajes llenos de color y luz, donde lo romántico se aúna a lo pintoresco, y lo costumbrista sirve de pretexto para la exaltación de lo sentimental y exótico.

En nuestro recorrido por la Colección seremos testigos de cómo este punto de partida conduce a los artistas que trabajan en la segunda mitad del siglo XIX, y cómo evolucionan sus planteamientos hacia lo que hemos denominado preciosismo.

De la mano de Fortuny y Raimundo de Madrazo somos testigos de ese gusto por la pintura que muestra con gran virtuosismo escenas noctámbulas y cotidianas para esa burguesía que acude a teatros y bailes, donde de nuevo el color y la luz son elementos clave.

Así mismo seremos testigos de, con una gran diversidad de tipologías, cómo los paisajes de Barrón dan paso a los de Haes, o Sánchez-Perrier, en esa clave del paisaje naturalista; y de las estampas venecianas de Martin Rico o Antonio Reyna desembocamos en las marinas de Gómez Gil o Verdugo Landi, donde atisbamos un cambio en el lenguaje plástico, del que ya el propio Fortuny da muestras cuando abandona su preciosismo característico rozando casi la abstracción. No podemos olvidar que fue este ámbito alejado cada vez más de lo académico donde aparece el impresionismo y lo “moderno”.

Son estas algunas de las claves, junto a la relectura de la pluralidad regional de España, y su apertura internacional la que hila el discurso en la última de las plantas del Museo.

El simbolismo, el contacto con las primeras vanguardias y el tratamiento de los “temas españoles” pero en clave de modernidad suman un panorama lleno de contrastes, de realidades diversas y de una absoluta emoción.

Es esta por tanto la premisa que percibimos cuando recorremos la Colección permanente del Museo Carmen Thyssen, puesto que éste es también uno de sus cometidos: emocionar.